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Colocación óptima de los radiadores
En los sistemas de calefacción a gas, los radiadores deben colocarse debajo de las ventanas, de forma que la longitud de las mismas coincida con la del radiador. Así, se optimiza la correcta propagación del aire caliente por la estancia.
Esta es la ubicación idónea para una distribución perfecta del calor en las habitaciones. Sin embargo, si alguna zona del hogar, por sus grandes dimensiones, requiere dos módulos, o si es muy pequeña y resulta imposible instalar el radiador debajo de la ventana, el lugar más apropiado será cerca de la puerta o en una de las paredes laterales, en sentido perpendicular a la ventana y lo más próximo a ésta.

No es aconsejable colocarlos en huecos o cavidades, pues pierden potencia, y lo mismo sucede si se los cubre con elementos decorativos. El radiador debe estar a la vista, integrado en la habitación y nunca tapado u oculto tras muebles de gran tamaño, como sofás o contenedores bajos, pues es la mejor manera de anular su capacidad emisora.

Aunque la decisión final depende del usuario, el tradicional hábito de utilizar cubrerradiadores (celosías de madera) está desfasado y no es recomendable desde el punto de vista del rendimiento del aparato. Cualquier elemento que haga las veces de pantalla entre el radiador y el exterior, resta potencia a su capacidad calorífica. Hace cuarenta años, prácticamente todos los radiadores eran de hierro fundido, un material que difícilmente armonizaba con el estilo de la habitación, pero actualmente la oferta, tanto en materiales como en diseño, ha mejorado mucho y se pueden encontrar radiadores de chapa de acero, de aluminio y de tubo acero, siendo los últimos los que más ventajas han aportado desde el punto de vista estético.
En estos momentos la oferta es tan amplia que se fabrican módulos a medida, en vertical y horizontal, con diferentes alturas, tamaños y formatos diversos (extraplanos, ondas, finísimos tubos…), en una variadísima gama de tonalidades que incluye todos los colores posibles en brillo o mate. Esta versatilidad permite la integración total de los radiadores actuales en cualquier ambiente y estilo decorativo.



En el cuarto de baño, una tendencia en alza es la incorporación de toalleros. Sin embargo, es más recomendable la instalación de radiadores de baño, que funcionan como los restantes, conectados a la instalación de calefacción por agua caliente, y que también operan con energía eléctrica cuando la calefacción está apagada. Es una buena opción cuando se necesita calentar el baño y no el resto de la casa, como ocurre con el aseo diario a primera hora de la mañana. A diferencia del toallero, que sólo emite calor para secar toallas o ropa, los radiadores de baño distribuyen el calor en toda la habitación y también sirven para secar toallas.

A tener en cuenta
El instalador debe realizar un plano y verificar el número de módulos necesarios por habitación, así como las dimensiones, tamaños y formatos de los mismos antes de entrar en faena. El usuario colaborará con el instalador en este estudio previo, indicándole sus preferencias, pues a fin de cuentas es el consumidor el que disfrutará de la instalación durante muchos años y cuanto más se acerque a sus necesidades y gustos, mejor.
Si bien el usuario debe escuchar las recomendaciones del profesional, no debe renunciar a sus demandas concretas si son oportunas, aunque supongan mayor coste o esfuerzo. Este tipo de instalaciones son prácticamente para toda la vida y merece la pena obtener lo que se desea, tanto en lo que respecta al sistema de canalización de los tubos (vistos u ocultos bajo el pavimento), como en lo que se refiere al tipo de radiadores. Existen en el mercado radiadores realmente innovadores y evolucionados, más caros que los tradicionales, pero de estética tan vanguardista como cualquier otro producto de diseño.

La incorporación del termostato en el salón o pasillo de la vivienda, para mantener la temperatura idónea en el hogar, así como la colocación de válvulas termostáticas sobre cada uno de los radiadores es aconsejable. Estas válvulas tienen varios niveles de ajuste, en función de la temperatura deseada. Su función es abrir o cerrar el paso de agua caliente al radiador, según corresponda.

El usuario debe realizar todas sus consultas al instalador, de forma que se familiarice con todos los dispositivos del radiador: purgador, llave de paso, tapón y detentor. Buena parte de los radiadores necesitan purgados periódicos para expulsar el aire que puede haber entrado en las cañerías y que impide el correcto funcionamiento del radiador. Antes de purgarlo, conviene poner un recipiente para recoger el agua. Se abre la válvula del radiador y cuando haya salido todo el agua, se cierra nuevamente.